Editorial

En medio de la enumeración arbitraria y caótica de objetos, situaciones y recuerdos que se enhebran en el poema Cosas, de Borges, aparece el verso del cual fue tomado el título de esta publicación: “La letra inversa en el papel secante”.  Pese al anacronismo que supone  hoy, la remisión a la huella del acto de escritura impresa, del revés, en el secante puede funcionar como una clave o un punto de partida para presentar el asunto que nuclea los artículos que aparecen en esta revista y el proyecto en el que ésta se inscribe.
Letra inversa, del revés, dada vuelta, que muestra el reverso de la trama. Letra que está a la vista pero esconde su cifra. Enigma que interroga al lector y lo desafía a ir al encuentro del sentido, siempre escondido, escamoteado, prometido y postergado. La letra inversa en el secante, entonces, puede entenderse como figura metonímica de la escritura que pone de relieve su rasgo principal: la inscripción que fija la palabra en signos visibles sobre una superficie separada y distinta de los interlocutores emancipa el texto escrito de la situación enunciativa que le dio origen, de quien lo ha escrito, de lo que éste quería decir (Ricoeur, 2000). Así el texto circula y puede ser leído “del revés”, con orientaciones imprevistas, en lugares y tiempos diversos, por lectores insospechados. Esta característica de la escritura alberga su mayor potencial y también su riesgo más temido.
En el diálogo entre el dios Teuth y el rey Thamus que Platón pone en boca de Sócrates en el Fedro  se escenifica ese doble signo de la escritura: Teuth presenta su don –la escritura- al rey egipcio, y lo ensalza como “elixir de la memoria y de la sabiduría”, como el arte que “hará más sabios a los egipcios y vigorizará su memoria”.   Pero Thamus no está de acuerdo y advierte los daños que puede ocasionar cualquier arte a los usuarios que no están verdaderamente preparados para servirse de él: “No es, pues, el elixir de la memoria, sino el de la rememoración lo que has encontrado. Es la apariencia de la sabiduría, no su verdad lo que procuras a tus alumnos; porque una vez que hayas hecho de ellos eruditos sin verdadera instrucción, parecerán jueces entendidos en muchas cosas no entendiendo nada en la mayoría de los casos, y su compañía se hará difícil de soportar, porque se habrán convertido en sabios en su propia opinión en lugar de sabios” (Fedro, 274 e). Sócrates explica el mito: al desvincularse de su autor, los discursos escritos “circulan todos por todas partes, e igualmente entre los entendidos que entre aquellos a quienes nada interesan y no saben a quien deben dirigirse ni a quienes no”; aunque parece que “hablan como si pensaran”, no pueden responder interrogantes y dan a entender siempre la misma cosa (Fedro, 275 a).
Según una interpretación posible, en este diálogo se exhibe la desconfianza de Platón hacia la escritura, o más bien hacia la esperanza desmedida en sus efectos benéficos en la formación del filósofo.  Esto es, desde la perspectiva platónica, saber redactar textos legibles y poder decodificarlos son habilidades que no garantizan, por sí solas, el acceso a la sabiduría.
Hoy, en cambio, no se duda en reconocer el valor epistémico de la escritura.  Se enfatiza su potencial cognitivo, crítico y transformador, subrayando que en la fijación de la palabra escrita, su emancipación de la situación enunciativa y el carácter diferido de la comunicación que por su intermedio se establece se apoya  su capacidad para propiciar la reflexión, desarrollar el pensamiento abstracto, independiente y creativo. Pero al mismo tiempo que se destacan los beneficios que la interacción con la palabra escrita puede aportar a quienes la ejercen, se advierte que no todos quienes han sido alfabetizados en la escuela están en condiciones de gozar de esas bondades. Así, aunque a primera vista puedan parecernos un tanto absurdas las críticas de Platón o, asumiendo una perspectiva diacrónica, las atribuyamos al carácter agonístico propio de la cultura oral que todavía persistía en la época en que fueron escritas, una lectura más atenta, realizada a la luz de los resultados de las investigaciones sobre las dificultades observadas en la lectura y escritura de textos especializados, nos lleva a revisar nuestros prejuicios y a atender a la complejidad de esas prácticas discursivas que revisten un carácter desigual.  Concebir la interacción con los textos escritos como práctica implica poner el acento en la actividad de escribir y en quien la desempeña, en su competencia y en cómo la construye. También conduce a prestar atención a los diversos ámbitos en que esas prácticas se realizan dando lugar a los distintos géneros que articulan lugares sociales y discursos.
Una de las características del desarrollo de competencias de lectura y escritura es su dependencia de un aprendizaje institucionalizado que tiene lugar en todos los niveles de enseñanza.  Se trata de habilidades sumamente complejas, para cuyo desarrollo no basta con el proceso de alfabetización de los primeros años de enseñanza, ya que requiere una formación especializada de acuerdo al ámbito en que deban practicarse. Esta formación involucra no sólo conocimientos léxicos y gramaticales sino también competencias genérico discursivas, culturales y, en el caso de los textos científico académicos, epistémico disciplinares.  El grado de desarrollo de estas capacidades determina en gran medida el acceso y la permanencia en los niveles superiores de instrucción y el desempeño profesional.
A pesar de reconocer su importancia, las instituciones educativas  no han logrado, en general, dar respuesta a las necesidades de formación en este terreno, y a menudo se observa que los alumnos transitan por los diversos niveles educativos sin revelar mayores progresos en las habilidades mencionadas. De este modo, se observa que los estudiantes ingresan en los estudios superiores sin haber desarrollado habilidades para leer y escribir textos complejos, lo que incide desfavorablemente en la trayectoria de su formación.
Algunos de los factores que inciden en la problemática señalada están vinculados con la creencia errónea de que leer y escribir son habilidades separadas e independientes del aprendizaje de cada disciplina.  Este prejuicio incide en que la enseñanza de estas competencias quede relegada a la clase de Lengua y en la falta de formación por parte de los profesores de otras asignaturas para compartir la responsabilidad en el despliegue de las competencias necesarias para la interacción con textos escritos pertenecientes a géneros específicos de su ámbito disciplinar.  A todo esto se suma la ausencia de políticas institucionales sistemáticas que reconozcan, incentiven y articulen las prácticas pedagógicas particulares orientadas a tal fin.
Teniendo en cuenta la problemática antes señalada, ante la convocatoria del INFoD del año 2007, elaboramos un Proyecto de Mejoramiento Institucional que proponía  crear en el IFDC-VM un Centro de Estudios y Promoción de la Lectura y la Escritura (CEPLE) con los objetivos de:

  1. favorecer la elaboración, articulación y seguimiento de proyectos de investigación, de innovación pedagógica y de capacitación tendientes al tratamiento de la problemática mencionada;
  2. organizar actividades interdisciplinarias institucionales e interinstitucionales que promuevan el intercambio y la evaluación crítica de experiencias relativas a la investigación y/o las prácticas de enseñanza de la lectura y la escritura ;
  3. asesorar a docentes de las distintas disciplinas en temas de lectura y de escritura; difundir las actividades del Centro mediante publicaciones, jornadas, foros, etc.

Por razones presupuestarias no hemos podido publicar aún esta revista en soporte papel, tal y como estaba estipulado en el Proyecto. Sin embargo -como queremos cumplir con los compromisos adquiridos con nuestros colaboradores- hemos decidido hacer la publicación en formato digital, hasta tanto contemos con los medios económicos necesarios para la edición impresa.

A pesar de que, curiosamente, por motivos administrativos, el centro que da nombre al proyecto nunca pudo crearse, la aprobación del proyecto por parte del INFoD y el subsidio otorgado permitieron que un grupo bastante numeroso de profesores de distintas áreas del Instituto se comprometieran a llevar adelante las actividades previstas.  En este marco se inscribe la publicación del primer número de la revista que ahora presentamos, en el que se incluyen artículos que abordan, desde perspectivas diferentes, los avatares de las prácticas de lectura y  escritura en distintos ámbitos.

Referencias

Alvarado, M. y Cortés, M. (2000) “La escritura en la universidad: repetir o transformar”, Ciencias Sociales, publicación de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA.
Platón (1966) “Fedro, o de la belleza”, en Obras Completas, Madrid, Aguilar.
Ricoeur, Paul (2000) “El modelo del texto: la acción significativa considerada como un texto”, en Del texto a la acción, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica.
Szlezák, Thomas A. (1991) Leer a Platón, Madrid, Alianza.