Lectura subversiva, lectura delictiva

Resumen

En el presente trabajo nos interesa exponer algunas consideraciones en torno a la transformación subjetiva que puede darse en el lector que experimenta un proceso de lectura significativo. Nuestro objetivo es problematizar la noción de lectura, o al menos complejizarla, teniendo en cuenta los múltiples resultados que pueden obtenerse a la hora de interactuar con el texto escrito. En este sentido, centraremos la mirada en la novela de Ray Bradbury, Fahrenheit 451 y en un grupo de lectores empíricos de dicha novela. Esta propuesta no pretende ser un análisis exhaustivo ni puramente literario sino aprovechar las posibilidades que nos brinda la ficción para entender y dimensionar, desde una mirada estética, el mundo que nos toca vivir y cómo la lectura nos permite actuar sobre él.

Palabras clave: lectura, proceso, lector, transformación subjetiva, literatura.

“Un libro puede provocar en nosotros un cambio y a veces puede exigirnos una transformación de raíz:
‘Leer nos cambia y eso ya es una forma de cambiar el mundo' ”
Daniel Pennac

I

En el presente trabajo nos interesa exponer algunas consideraciones en torno a la transformación subjetiva que puede darse en el lector que experimenta un proceso de lectura significativo. Nuestro objetivo es problematizar la noción de lectura, o al menos complejizarla, teniendo en cuenta los múltiples resultados que pueden obtenerse a la hora de interactuar con el texto escrito. En este sentido, centraremos la mirada en la novela de Ray Bradbury, Fahrenheit 451 y en un grupo de lectores empíricos de dicha novela. Con respecto a la obra, intentaremos desentrañar la noción de lectura que propone a través del personaje principal, Guy Montag y de las situaciones que éste atraviesa a lo largo de la historia. En cuanto a los lectores empíricos, analizaremos los efectos que produjo en ellos la lectura del texto antes mencionado. En otras palabras, trataremos de establecer un paralelismo entre el cambio que sufre el personaje ficcional a partir de la lectura y el posible cambio que experimenta el lector empírico al leer la novela. Esta propuesta no pretende ser un análisis exhaustivo ni puramente literario sino aprovechar las posibilidades que nos brinda la ficción para entender y dimensionar, desde una mirada estética, el mundo que nos toca vivir y cómo la lectura nos permite actuar sobre él. Entendiendo entonces que la ficción opera indirectamente sobre la realidad, podremos establecer relaciones entre esta dimensión y el mundo construido por la literatura, por lo tanto, aquellas conclusiones a las que arribemos sobre el lector ficcional (Guy Montag) podrán ser trasladadas a los lectores empíricos.

II

Cada vez es más frecuente escuchar o leer en diferentes medios que últimamente se lee poco o que directamente ya no se lee, argumentando que con la pérdida de esta práctica se hacen inaccesibles una serie de ¿beneficios?, ¿posibilidades?, ¿placeres?, ¿conocimientos?, que difícilmente sean adquiridos por medio de otras experiencias. Estas consideraciones resultan irreprochables y creemos que mediante la lectura, y sobre todo la literaria, podemos ingresar a un mundo nuevo, posible, y sobre todo generador de sensaciones únicas e irrepetibles, más allá de que hoy por hoy, el lector sea una especie en extinción. Las causas de esta decadencia pueden ser tan múltiples como las miradas de lectura que puedan concebirse, sin embargo en este trabajo nos atrevemos a considerar dos aspectos que creemos fundamentales: 1) La lectura forma y transforma subjetivamente al lector, lo hace cuestionador, crítico, impaciente y desvelado en sus intereses, en otras palabras, la lectura convierte al hombre en un sujeto subversivo. Por lo tanto el libre acceso al libro es, y ha sido, riesgoso, peligroso para los poderes hegemónicos que se han encargado de diseñar una sociedad controlada, injusta y desigual. No otra cosa sucede en la distopía que crea Ray Bradbury en su novela, en la cual el acceso a los libros está prohibido y su lectura es sumamente subversiva. 2) A lo largo de la historia, las sociedades han sufrido una serie de transformaciones económicas, políticas, sociales, etc., que según la época y los intereses imperantes del gobierno de turno, han construido un determinado modelo de país. Actualmente el modelo que predomina en la mayoría de las sociedades occidentales responde a los postulados de la globalización que se traducen en la cultura del consumo masivo, de lo inmediato, lo fugaz, lo fragmentario y lo digerido. En el marco de este contexto resulta justificado pensar que la lectura ha sido desplazada por una serie de entretenimientos audiovisuales (televisión, internet, juegos virtuales) perdiendo el lugar privilegiado que tenía. Esta situación se ha agravado en lo referido a la lectura literaria, que ha dejado de ser un proceso placentero de acceso a la “realidad” desde otros mundos posibles y se ha convertido en algo aburrido, denso y sin sentido. Quizás porque leer consiste en una actividad a largo plazo que requiere de un gran esfuerzo cognitivo, situación que no coincide con las demandas de una época caracterizada por la globalización y el consumo de productos de moda. Esta sociedad, ya naturalizada en nuestra época fue pensada cincuenta años atrás por Bradbury. Fahrenheit describe, casi de manera profética, un mundo enajenado por un Estado totalizador que ha construido una maquinaria de control mediante la quema de todo tipo de libros, censurando de esta manera toda posibilidad de transformación.

III

Las inquietudes anteriormente mencionadas surgieron a partir de los resultados de una propuesta concreta de lectura de la novela, llevada a cabo en los niveles educativos secundario y superior. En el primer caso, estuvo enmarcada dentro del espacio curricular Comunicación de dos escuelas de esta ciudad; y en el segundo, en Lengua, literatura y su enseñanza I, del Profesorado de enseñanza primaria del IFDC-VM. En ambos casos el objetivo central consistió en proponer una mirada crítica acerca de la lectura y su función en la sociedad, dentro del marco teórico correspondiente a cada asignatura. Al proponer la lectura, la primera reacción de la mayoría de los alumnos fue de rechazo, una actitud consecuente con los parámetros de la sociedad actual, ya mencionados. Por lo tanto, en un primer momento la actividad fue asumida como una instancia de obligatoriedad académica, lo que generó una lectura desganada, rápida y superficial que les impidió interpretar significativamente la obra, generando comentarios negativos, tales como “no me gustó”, “no la entendí”, “es muy difícil”, “son muchas páginas”. Dada esta situación de “ausencia de sentido” en la lectura nuestro desafío fue generar estrategias que permitieran un aprendizaje que fuera más allá de una mera decodificación de signos. Para esta autora es de suma importancia que el lector inexperto disponga de elementos cognitivos, y tenga a su alcance la ayuda del docente para lograr una lectura comprensiva. De este modo, la lectura debió realizarse de manera progresiva y significativa, y estuvo en nosotros, como docentes, enseñar estrategias adecuadas para que este proceso no se restringiera a una práctica inconsciente, sino que estimulara y acrecentara la competencia comunicativa y cultural de los estudiantes. Para ello fuimos analizando conjuntamente aquellos fragmentos más significativos del texto que permitían establecer un puente entre la ficción y la realidad. El objetivo fue que la lectura no sólo se agotara en las páginas del texto, en la historia narrada, en los límites formales de la obra, sino que fuera más allá de ellos, invitando a los lectores a observar, interpretar y tomarse un tiempo para asumir un rol activo y crítico frente a la ficción y el mundo.

IV

Ray Bradbury comienza su novela anticipando la destrucción a la que serán sometidos los libros con un epígrafe contundente: “Fahrenheit 451: la temperatura a la que el papel de los libros se inflama y arde” (2001, p. 8). Paradójicamente serán los bomberos los encargados de realizar esta labor, puesto que su principal función consiste en provocar los incendios, en vez de extinguirlos. Los libros se queman junto con el conocimiento, el pensamiento y la posibilidad de cambio; las llamas son el mejor mecanismo para excluir, eliminar y prohibir lecturas y lectores. El personaje principal, Guy Montag, es uno de los bomberos que acude presuroso a sofocar el peligro que encierran los libros, sin dudar y orgulloso de su labor incendia con su lanzallamas millones de páginas que para él, en un principio, son insignificantes. A medida que avanza la historia una serie de acontecimientos hacen que este personaje comience a despertar del adormecimiento provocado por un Estado totalitario y manipulador, que se vale de los avances tecnológicos para someter y alienar a la sociedad. Clarisse y Faber serán quienes pondrán a Montag cara a cara con el mundo. Clarisse, una joven de 17 años, con su mirada lúcida y cuestionadora hará que Montag pueda hacer un paréntesis en su vida para tomar distancia, reflexionar e iniciar un viaje que culminará con su transformación subjetiva. A partir del encuentro con la joven, el bombero desnaturaliza el mundo que lo rodea y queda perplejo ante aquellos paisajes de la vida que nunca se detuvo a observar. Faber, por su parte, un antiguo profesor de literatura, siembra la duda y la curiosidad en el personaje principal al ponerlo en contacto con la poesía y hacerle saber que el hombre no sólo habla de las cosas sino también del significado de ellas. A él recurrirá más adelante Montag en busca de respuestas que lo ayuden a comprender el contenido de aquellos libros que ha atesorado clandestinamente, y por los cuales está decidido a perder su vida. Estos libros que durante tanto tiempo fueron considerados los principales enemigos de la sociedad se convierten para Montag, utilizando la expresión de Beatriz Sarlo, en una clave de bóveda del mundo. A partir de aquí la lectura adquirirá para él un carácter subversivo puesto que lo formará y transformará subjetivamente, convirtiéndolo en otro ser. Si bien este proceso comienza a gestarse de manera progresiva en el personaje a lo largo de toda la historia, hay un episodio que resulta sumamente significativo: la quema de libros en la casa de la anciana. Ante el alerta de la alarma los bomberos acuden rápidamente a cumplir con su trabajo. Al llegar al lugar se encuentran con una vieja casa de tres pisos, en cuyo interior hay una mujer que se niega a abandonar sus libros, esto no impide que las llamas comiencen a arrasar con todo. A medida que el fuego avanza los libros caen de los estantes, uno de ellos se deposita en las manos de Montag y éste lee, casi sin proponérselo, unas líneas que lo marcarán a fuego. En ese momento el orden comienza a subvertirse, ya no es el bombero el que a través del fuego quemará los libros sino que éstos lo quemarán a él: Con toda su prisa y su celo, Montag sólo tuvo un instante para leer una línea, pero ésta ardió en su cerebro durante el minuto siguiente como si se la hubiesen grabado con un acero. El tiempo se ha dormido a la luz del sol del atardecer. Montag dejó caer el libro inmediatamente cayó otro entre sus brazos…. La mano de Montag se cerró como una boca, aplastó el libro con fiera devoción, con fiera inconsciencia, contra su pecho…. Montag no hizo nada. Fue su mano la que actuó, su mano, con un cerebro propio, con una conciencia y una curiosidad en cada dedo tembloroso, se había convertido en ladrona. (Bradbury, 2001, p.47) Montag ha cometido un delito, ha transgredido una de las principales prohibiciones sociales. Posteriormente, la negativa de la anciana de abandonar su hogar y su deseo de ser incinerada con sus libros lo llevan a cuestionarse sobre la importancia y el valor de los mismos. Al llegar a su casa, saca de un escondite otros libros y decide comenzar a leerlos para develar el enigma que encierran, sabe que está a punto de iniciar un recorrido del cual no hay retorno. Montag está cambiando, comienza a cuestionarse sobre todo lo que hasta ese momento había sido natural para él, surgen las preguntas, las dudas, las reflexiones: Anoche, estuve meditando sobre todo el petróleo que he usado en los últimos diez años. Y también en los libros. Y, por primera vez, me di cuenta de que había un hombre detrás de cada uno de ellos. Un hombre tuvo que haberlo ideado. Un hombre tuvo que emplear mucho tiempo en trasladarlo al papel. Y ni siquiera se me había ocurrido esto hasta ahora. (Bradbury, 2001, p.61). Este cambio comienza a ser percibido por quienes lo rodean, entre ellos su jefe, Beatty, quien intentará con diversos argumentos, “que la oveja descarriada regrese al rebaño”. La gran cantidad de información que contienen los textos desborda a Montag, necesita un maestro que lo guíe para poder interpretarlos, es así como decide contactarse con Faber. Éste lo alienta a enfrentarse al mundo e intentar operar un cambio en él. Ha llegado la hora de despertar, de abrir los ojos, de movilizar a esa sociedad hipnotizada y entumecida que sólo tiene su mirada centrada en grandes pantallas que la abruma de datos sin sentido creando en ella la ilusión de pensamiento y felicidad. Los riesgos a correr son muy grandes y Montag es consciente de ello pero está dispuesto a enfrentarlos. De regreso al cuartel, una nueva víctima del sistema espera para ser destruida, esta vez Montag deberá quemar su propia casa. Las reglas del juego han cambiado, ahora él será perseguido y para sobrevivir deberá matar a quienes se interpongan en su camino. Luego de estos episodios se convierte en un prófugo del sistema y nuevamente acude a Faber para que lo ayude a salvarse, éste lo guiará para que se encuentre con un grupo de personas exiliadas que, al igual que Montag, han sido transformados por la lectura y pretenden recuperar los valores perdidos. Montag se ha convertido en un “delincuente”, se ha convertido en un ser subversivo.

V

En términos generales podemos decir que los lectores empíricos de esta novela, nuestros alumnos, leyeron la historia de un personaje que se “despertó” gracias a la lectura, como así también ellos lo hicieron. Esto permite, como dijimos en un principio, establecer un paralelismo entre ambos: así como Montag actuó irreflexivamente en el comienzo de la historia, sin cuestionar ningún aspecto de la realidad que lo rodeaba, del mismo modo actuaron, en un primer momento, nuestros alumnos al asumir una postura pasiva y desinteresada frente a la lectura. Ante este rechazo, nuestra labor como docentes fue motivarlos para despertar su curiosidad, su desconcierto, su interés frente al texto, como hizo Faber con Montag a través de la literatura. Posteriormente, trabajando conjuntamente con los alumnos, fuimos desentrañando las posibles interpretaciones que la obra habilitaba, proponiendo una mirada que no se agotara en la superficialidad del texto sino que ahondara en lo latente, lo connotado y lo no dicho, en otras palabras “miramos con los ojos de Clarisse”. Fue así que a medida que avanzaba el proceso de lectura los estudiantes comenzaron a cuestionarse y a pensar el texto en relación con la realidad: ¿qué tan alejada está la sociedad que construye Bradbury de la nuestra?, ¿qué lugar tiene hoy la lectura en relación con las nuevas tecnologías?, ¿qué se pierde con la lectura y quién gana con esa pérdida?, ¿quiénes realizan la “quema de libros en nuestra época? Preguntas que permitieron, todas ellas, nuevas perspectivas de acceso a “lo real”. Algo había cambiado en ellos, se volvieron más sagaces en la búsqueda de huellas que reforzaran sus interpretaciones, más ágiles en la elaboración de hipótesis de sentido; la lectura había logrado que ampliaran sus horizontes.

VI

Conforme a los resultados de esta experiencia consideramos que, si bien la lectura es una práctica que ha perdido el significado que tenía tiempo atrás, es necesario promover espacios, que no se limiten al área de lengua y literatura, en los cuales se genere la ocasión propicia para comenzar a construir una historia de lectura. En palabras de Graciela Montes (2008, p. 3)

Hay situaciones más amparadoras de lectura que otras. La ocasión tiene su importancia. Y la disponibilidad. Y también las destrezas, las prácticas, cierto entrenamiento. La actitud de lectura, esa postura primera, hecha de toma de distancia, perplejidad y arrojo-una actitud en cierta forma natural y condición necesaria para cualquier forma ulterior de lectura- no es un don mágico y eterno sino una historia. Una historia hecha de prácticas y episodios de la que no se conoce el desenlace. Puede madurar o achicharrarse. Puede abrirse o sumirse hasta claudicar. En este sentido, la escuela se presenta como la ocasión ideal para comenzar a recorrer el camino de la lectura, y el docente, como el mediador más indicado para hacerlo. Un camino que se inicia desde el mundo hacia la palabra escrita, para luego volver a éste y resignificarlo mediante las huellas que nos ha dejado la lectura y los sentidos que ella ha despertado en nosotros. Asumir estos desafíos como mediadores implica ser conscientes del esfuerzo, la dedicación, y la responsabilidad que esta actividad requiere. Puesto que de lo contrario, en vez de contribuir al acercamiento entre el lector y el texto, podemos condenarlos al fracaso. Sin caer en el determinismo de que en el mejor de los casos la lectura puede llevarnos a transformar la sociedad sostenemos que el lector puede mirar el mundo con “otros ojos” al finalizar la lectura de un libro; como dice Michéle Petit (1999, p. 74)

La lectura puede ser…, en todas las edades, un camino privilegiado para construirse uno mismo, para pensarse, para darle sentido a la propia existencia, un sentido a la propia vida, para darle voz a su sufrimiento, forma a los deseos, a los sueños propios.

Referencias

Bradbury, R (2001). Fahrenheit 451. Buenos Aires: Plaza Janés.

Montes, G. (2008). La gran ocasión, la escuela como sociedad de lectura. M.E.C y T- Dirección Nacional de Gestión Curricular Y Formación Docente. Plan Nacional de Lectura. Disponible en www.scribid.com/upload-document. Petit, M. (1999). Nuevos acercamientos a los jóvenes y la lectura. México: Fondo de Cultura Económica.