Entrevista a Luis Benitez (octubre de 2010)

Sobre Luis Benitez

Luis Benítez es poeta, narrador, ensayista y dramaturgo argentino nacido en Buenos Aires el 10 de noviembre de 1956. Es miembro de la Academia Iberoamericana de Poesía, Capítulo de New York, (EE.UU.) con sede en la Columbia University, de la World Poetry Society (EE.UU.); de World Poets (Grecia) y del Advisory Board de Poetry Press (La India). Ha recibido el título de Compagnon de la Poèsie de la Association La Porte des Poètes, con sede en la Université de La Sorbonne, París, Francia. Miembro de la Sociedad de Escritoras y Escritores de la República Argentina. Ha recibido numerosos premios nacionales e internacionales por su obra literaria, entre ellos el Primer Premio Internacional de Poesía La Porte des Poètes (París, 1991); la Mención de Honor del Concurso Municipal de Literatura (Poesía, Buenos Aires, 1991); el Segundo Premio Bienal de la Poesía Argentina (Buenos Aires, 1992); el Primer Premio Joven Literatura (Poesía) de la Fundación Amalia Lacroze de Fortabat (Buenos Aires, 1996); el Primer Premio del Concurso Internacional de Ficción (Montevideo, 1996); el Primo Premio Tuscolorum Di Poesia (Sicilia, Italia, 1996); el Tercer Premio Eduardo Mallea de Narrativa (Buenos Aires, período 1995-1997); el Primer Premio de Novela Letras de Oro (Buenos Aires, 2003); el Accesit 10éme. Concours International de Poésie (París, 2003) y el Primer Premio Internacional para Obra Publicada “Macedonio Palomino” (México, 2008). Sus 24 libros de poesía, ensayo, narrativa y teatro han sido publicados en Argentina, Chile, España, Estados Unidos, México, Venezuela y Uruguay y obras suyas fueron traducidas al inglés, francés, alemán, italiano, flamenco, griego y macedonio

Primero que nada, algunas preguntas generales para ir acercándonos al tema de la poesía.

La impresión que uno tiene al tomar contacto con sus trabajos es que sus intereses son muy diversos y que maneja con igual solidez temas de literatura, filosofía, psicología e historia de la cultura. Eso me lleva a preguntarle cuál es su formación, cómo se educó, en qué instituciones, con qué maestros.

-Me eduqué en la muy buena escuela pública que teníamos en la Argentina, que brindaba una buena base cultural a quien quisiera aprovechar esa posibilidad. Hasta los ’70, la formación posible a nivel secundario incluía materias luego desechadas, como por ejemplo latín; amén de ello, la exigencia y la búsqueda de un muy buen nivel cultural te permitía salir de la escuela intermedia con un bagaje de conocimientos muy adecuado. El plantel docente era muy aplicado, en líneas generales, y contaba con escritores e investigadores de mérito entre sus filas, tales como mi siempre recordado profesor de letras Ángel Mazzei, que sabía inculcarnos el amor por las palabras. Desde luego, lo formal fue sólo parte de mi formación, cuyo peso mayor estuvo en las lecturas que emprendía por mí mismo. Creo que este interés, esta curiosidad por los diversos géneros literarios, es la base real de la formación de un autor. Desde luego, nada se origina de la nada y debe haber un incentivo para que esa chispa de interés se convierta en llama; en mi época, esa chispa también la daba la educación formal, inclusive desde la escuela primaria, donde gozábamos de los primeros incentivos para la lectura. En mi caso, una fuente de incesante información (desde los seis años de edad) fue el Petit Larousse Ilustré, en edición española, que poseía una sección de nombres propios e historia fascinante para mí. A través de ese diccionario aprendí mucho más de lo que me enseñaban en la escuela, pero la escuela era la encargada de incentivarme a descubrir otros nuevos territorios del conocimiento. En términos actuales, diríamos que se producía una “sinergia” entre la educación formal y la buscada por mis propios medios. Luego incursioné mucho en las bibliotecas barriales, donde pasaba horas leyendo novela, ciencias naturales, geografía, etc. y, más tardíamente, también poesía. Mi curiosidad permanente, con los años, hizo el resto. Recuerdo que Raúl Gustavo Aguirre solía repetir que el poeta debe ser el hombre más culto de su tiempo. Ese es un objetivo mayor; con moverse en esa dirección ya alcanza para andar por buena senda. No podemos escribir, en lo contemporáneo, sin abrevar en los conocimientos de múltiples disciplinas, porque necesitamos todos los que nuestras capacidades nos puedan proporcionar. La dimensión del conocimiento humano se ha hecho demasiado grande como para que un solo hombre puede siquiera soñar con abarcar el conjunto, aquello a lo que aspiraba Johann Wolfgang von Goethe a caballo entre el siglo XVIII y el XIX; nos queda sí, el recurso y la posibilidad y hasta la obligación de tener la mayor parte que podamos, de todas las partes que podamos.

Esa misma diversidad que se intuye en su formación se observa también en su escritura. Usted cultiva distintos géneros: narrativa, teatro, poesía, ensayo. ¿Cuáles fueron sus inicios como escritor? ¿Qué estuvo primero? ¿Se siente ante todo un poeta que cultiva esporádicamente otros géneros?

-Empecé a escribir textos con alguna pretensión literaria a los 11 años. La primera obra fue algo que yo creía entonces que era un cuento, titulado El Alfiler, que felizmente no conservé. Luego insistí con algunas otras narraciones breves, de los que sólo recuerdo un título: La Rata Verde, con el que gané un concurso de la escuela secundaria que me llenó de orgullo y confusión. En lo que respecta de la poesía, mis primeros intentos se produjeron alrededor de los 15 años, más bien como consecuencia de mi afán con las lecturas de los clásicos españoles del siglo XIX y XX. Aprendemos por imitación, ya sabemos. Luego descubrí a los vanguardistas franceses, y, posteriormente, hacia mis 20 años, a la poesía inglesa, que le dio un giro muy importante a mis intentos anteriores. Respecto de qué me llevó a escribir, creo que fue un impulso que tenemos todos: el afán de expresar nuestras difusas sensaciones, de ponerlas en el papel para verlas frente a nosotros dotadas de alguna forma, examinarlas y creer que, así, comprenderemos algo de eso que somos; una idea errónea, sin duda, ya que las palabras transforman a las sensaciones… en palabras. En otra cosa que aquello que son, realmente, y que nunca comprenderemos cabalmente. Además, si uno va progresando un poco en literatura, llega el momento en que comprende que aquello que escribe le pertenece menos una vez que está escrito; se ha vuelto algo objetivo, externo, algo que puede compartir con los demás –cree uno- cuando en realidad los demás lo leerán desde sus propias ópticas, que difieren de la nuestra, desde luego y es bueno que así sea. Además, conspira contra esta idea primitiva de la “expresión del yo” el hecho de que descubrimos que lo escrito tiene sus propias reglas y su propio mundo, insertado en una tradición de 6.000 años de antigüedad. Eso es mucho tiempo y marca a lo escrito, lo quiera uno o no. Para la literatura lo importante no es el hombre que la escribe; a ella sólo le importa ella misma. Lo que nos suceda a nosotros sirve apenas –y en el mejor de los casos- como disparador del texto. Personalmente, creo que hay géneros distintos para ideas diferentes. Así, algo que imaginamos y sentimos de cierta manera, tendrá su mejor expresión como poema, en tanto que una serie de conceptos generales, relacionados, podrá convertirse en un ensayo, mientras que una trama tejida en torno a un conflicto nuclear o una constelación de conflictos puede ser el inicio de una novela, una nouvelle o de una obra de teatro, por ejemplo. También puede convertirse en un cuento o un relato. Cuando surge una idea que parece ser algo con posibilidades de plasmación literaria, hay que ver cómo se desarrolla en nosotros y hacia dónde apunta su expresión escrita; la misma obsesión que acompaña su crecimiento en la imaginación va señalando cuál será su forma. Suena primitivo y muy general, pero al menos en mí sucede así. Entonces, no puedo definirme como un poeta que también aborda otros géneros: más bien soy un escritor abordado por géneros y uno de ellos es la poesía. Creo también que escribimos aquellos libros que nos gustaría que estuvieran en nuestra biblioteca: como al ir a buscarlos no están allí, tenemos que escribirlos nosotros, y pueden ser poemarios, novelas, ensayos, libros de relatos u obras teatrales.

Su figura tiene una proyección internacional que se evidencia en sus vínculos con distintas instituciones, revistas, editores y lectores de Estados Unidos, Latinoamérica y Europa ¿Cómo se dio esa trascendencia internacional?

-Creo que el comienzo de mi vinculación con otros ámbitos, fuera de nuestro país, se produjo a partir de la segunda mitad de los ’80, cuando comencé a editar una pequeña revista bilingüe de poesía, en castellano e inglés, llamada Correo Latino. En ella tenían cabida poetas argentinos, del resto de Latinoamérica, estadounidenses y europeos. Aquel tiempo estaba determinado por el ir y venir de la correspondencia vía aérea, algo inimaginable ahora, con Internet: todo demoraba meses. A comienzo de los ’90 me mudé a Manhattan, donde viví hasta fines de 1993, y ya tenía establecidos algunos vínculos fuertes con grupos de poetas norteamericanos, como los agrupados en torno a las revistas neoyorquinas Tamarind y And Then, por ejemplo, y había comenzado a publicar en ciertas revistas, no sólo de Nueva York, sino también de la costa oeste y también de Inglaterra. Fue así como, en 1995, estando yo nuevamente en nuestro país, se editó mi antología Selected Poems, bajo el sello californiano Luz Bilingual Publishing, en castellano e inglés. Seguí publicando en el Reino Unido y los EE.UU., francamente receptivos a mi poesía porque en ella es acusada la influencia de la poesía inglesa y estadounidense, creo yo. Con la llegada de Internet, se hizo todavía más fácil el vínculo de otras culturas, conque pude acceder –partiendo de la traducción de mis obras al inglés- a la publicación de mi poesía en diferentes revistas, algunas de países como Holanda, Bélgica, Francia, Italia, Rusia, Filipinas, Turquía, Serbia, por ejemplo, pero mi difusión sigue siendo mayor en el Reino Unido y en los EE.UU. En este último se prepara ahora una antología de mi poesía, con selección de los poetas Kathryn Rantala y Cooper Renner, de Seattle, Washington, que se editará antes de fin de año, me dijeron, y en 2011 saldrá una antología de mi obra en Essex, Inglaterra. Hace poco, la generosidad del editor español Fernando Ortega produjo la edición electrónica de mis Poemas Completos, con prólogo ensayístico del Prof. Luis González Platón, de la Universidad de Madrid, que puede descargarse gratuitamente de www.publicatuslibros.com

En América latina se editaron obras mías en Chile, México, Uruguay y Venezuela, ya sea por haber ganado algún concurso literario o porque la generosidad de algunos editores apoyó el lanzamiento de mis poemarios. Creo que las posibilidades que tuvo hasta ahora mi obra de ser publicada fuera de la Argentina fueron establecidas por una presencia bastante continuada de mis trabajos en diversas revistas editadas en inglés, francés, italiano, alemán, holandés y hasta macedonio, que acostumbraron a los pequeños y medianos editores a considerar con alguna validez la opción de publicarme. De hecho, particularmente en el mundo anglosajón, es imposible presentar un manuscrito a un editor si éste primero no conoce ya la obra del autor a través de ciertas revistas, de mayor o menor circulación, según el caso, y en cuyos criterios confía el editor para establecer sus planes editoriales. Esto es: nadie publica a desconocidos en Inglaterra y los Estados Unidos, pero fundamentalmente, nadie acepta manuscritos de autores antes autoeditados. Existen desde luego las ediciones de autor, bajo sellos conocidos como “vanity presses”, pero ellas son la peor recomendación a la hora de ofrecer un manuscrito: éste será seguramente rechazado. Son particularidades locales, propias de esos ámbitos.

¿Hay un interés especial en el extranjero por la poesía argentina?

Respecto de la poesía argentina, poco y nada se conoce de ella fuera de nuestro país; son muy pocos los autores que circulan por revistas y consejos editoriales, al menos, en comparación con la enorme producción local. Creo que insertarse en otros medios es muy difícil, a menos que la poética ofrecida tenga puntos de contacto con lo propio de ese medio, que resulta muchas veces francamente autorreferencial; desde luego, no me refiero a publicar algunos poemas o un artículo en alguna revista o hasta editar un libro, por los medios que fuere, sino a insertarse efectivamente en ese medio y ser tomado en cuenta como una posibilidad de lectura. Me llevó –de todas formas- veinte años tener alguna presencia en el ámbito extranjero, pero eso es lo mismo estimado como necesario para un autor local que comienza a difundir su obra en revistas y editoriales de su propio país. Sucede que con el fenómeno de la globalización, las anteriores divisiones en poesías nacionales –así como las fronteras entre géneros- se están debilitando: comienza a abrirse camino una cultura global, donde la procedencia de los textos no es tan importante como los textos en sí y ello, si es así, no me parece nada malo. A nadie se le ocurriría, en el mundo anglosajón, hablar de “Luis Benítez, el poeta argentino”, como si el autor representara algunas características específicas del sector cultural de donde proviene o el hecho de ser argentino agregara o restara algo a la valoración de lo que escribe. Y digo que esto no me parece mal, sino hasta saludable, porque resulta un tanto cargosa esa diferenciación entre “poesía a secas” (la que hacen los locales) y “poesía de tal o cual sitio” (cuando el autor nació en otra parte). Al respecto, en nuestro propio medio, siempre me fastidió eso de hablar de “poesía” (la que escribimos en Buenos Aires) y “poesía del interior” (la poesía argentina que se escribe fuera de “la ciudad autista de Buenos Aires”). Creo que habría que abandonar aquí esas insustanciales diferenciaciones, como en buena parte del mundo está dejándose de lado las catalogaciones de “poesía” y “poesía latinoamericana”, por ejemplo.

¿Son los certámenes literarios un buen canal para proyectar la obra y obtener un reconocimiento?

Creo que sí lo son, pero me baso solamente en mi propia experiencia, no sé si se puede establecer esto como una regla general. Ganar concursos literarios hizo posible que se editaran varios títulos míos de modo directo y también indirecto. De modo directo, cuando el premio incluía también la edición, como me sucedió, por ejemplo, con los reconocimientos obtenidos en México y Uruguay; de modo indirecto, cuando el hecho de haber sido reconocido por otros, antes, influye en la decisión del editor a la hora de apostar por uno; eso me sucedió en otros casos. Ahora que el reconocimiento en sí, como alabanza del ego, a escala personal, me parece algo que no tiene relación alguna con la literatura, naturalmente: se suele olvidar que el premio está reconociendo a la obra, no al autor. Fulanita o fulanito no son mejores bichos porque les dieron el premio tal y cual; inclusive, a veces, se vuelven peores que antes de recibir el galardón, porque ellos también creen que el premio se lo están dando a ellos, no a sus obras. Sería saludable que esta diferencia se entendiera.

¿El reconocimiento internacional tiene un paralelismo en el ámbito local?

En ciertos ámbitos de escala local el reconocimiento internacional tiene un paralelismo cuando el autor está en buenas y amistosas relaciones con el “hampa” literaria local: los lobbies “literarios”, los árbitros de la moda editorial y demás aparatos promocionales, incluyendo a ciertos colectivos sociales, estéticos, políticos, económicos y hasta de otras índoles. Si la autora/el autor está en buenas relaciones con estas estructuras extraliterarias, cualquier cosa que haga fuera del ámbito local será inmediatamente reflejada y difundida en él, sin importar la significación real, objetiva, que el hecho tenga en sí; puede tratarse de una insignificancia, que el aparato lo convertirá en un acontecimiento. Una autora o un autor cuyos textos, leídos objetivamente, apenas rasguñan la dignidad -y eso, en sus momentos más felices- se convertirá en figura repetida en tal o cual suplemento, será alabada su participación en un mediano festival de poesía, entre decenas y decenas de otros participantes que también se tuvieron que pagar el viaje y la estadía (dato cuidadosamente omitido); será consagrado según la interesada prensa de su “aldea” literaria porque le dieron tal o cual premio o se difundirá que se está filmando en un país del Primer Mundo una película basada en una de sus obras, film que nunca veremos estrenado, desde luego, porque jamás se hizo de él un fotograma... sin embargo, a escala local el rumor cumplió su cometido.

Ello es muy propio de culturas cerradas, envejecidamente adolescentes, aldeanas, carentes de una crítica honesta y sólida, no solventada por la conveniencia sino por el conocimiento consistente. También se explica por el miedo de ese mismo medio a contrastar lo que produce con lo que generan otras culturas: hay un localismo escalofriante, en muchos ámbitos –y no sólo latinoamericanos- que llega a proclamar cosas como que “nuestra poesía es la mejor/una de las mejores de la lengua”, cuando basta leer lo que se escribe en tal o cual sitio –donde se habla la misma lengua pero se trabaja mejor con ella- que resulta muy superior, tanto en forma como contenido, a lo producido en esos lugares que no se dan por enterados... simplemente porque no quieren hacerlo. El consorcio extracultural y el miedo –ciertamente- no hacen mucho a favor de las letras de una localidad dada, pues el resto del mundo cultural globalizado sigue mientras tanto su marcha y la distancia entre ámbito cerrado y ámbito abierto se hace mayor, a menos que algo impensado suceda; el problema es que no sé si denominarlo impensado o impensable, tomando en cuenta estas características negativas combinadas. Inclusive, a escala de la globalización, me parece bastante dudoso seguir hablando todavía de una “poesía nacional” referida a tal o cual país; creo que el poeta contemporáneo es internacional o no es, definitivamente. Hoy, las escalas son otras.

En lo personal, me ha resultado muchas veces más fácil publicar fuera de la Argentina que en el medio local, salvo ciertas excepciones, como el apoyo que me brinda Ediciones Nueva Generación, de Buenos Aires, que lleva incorporados varios títulos míos o referidos a mi obra en su catálogo. También es de resaltar el apoyo de una editorial nueva, Ediciones El Fin de la Noche, que prepara en Buenos Aires la edición de mi poemario Manhattan Song para este añoi.

Sigo poniendo el acento en la impresión de una multiplicidad de elementos en relación con su actividad. Ya mencionamos la formación ecléctica, la práctica de una escritura que no se encierra en un solo género, la capacidad de abrirse un espacio internacional con sus textos. Veo eso, una suerte de espíritu expansivo y una tendencia a la universalidad. También es perceptible esta impronta en sus poemas. Concretamente, y para mencionar un elemento significativo, hay decisiones a nivel de la lengua que lo desmarcan de lo argentino, por ejemplo en el empleo del “tú” en algunos poemas.

-Su pregunta es interesantísima. El empleo del tuteo en la escritura es una característica de la literatura argentina –salvo en los casos en que el voseo se impone porque es parte del carácter expresivo propio de los personajes, de lo que se llama su decoro, como en las obras de Roberto Arlt, por ejemplo- que recién comenzó a quebrarse definidamente a partir de los ’60. Mi generación, la del ’80, siguió en general empleando el tuteo y yo con ella, lo que ciertamente facilitó la comprensión de mis textos en otros ámbitos, no familiarizados con el castellano rioplatense. Pero hace poco, en Buenos Aires –julio de 2010- me sucedió algo muy interesante: estaba discutiendo la edición de mi próximo poemario, Manhattan Song, con la editora Carolina Sborovsky, del sello El Fin de la Noche, cuando ella señaló la ventaja que le traería aparejada al manuscrito si cambiaba al voseo... Escuché atentamente su sugerencia, compartida por el resto del Comité Editorial, y decidí probar qué sucedía si realizaba ese cambio. El resultado fue para mí sorprendente: en efecto, los textos ganaban en potencia notoriamente, y decidí adoptar ese recurso, aunque no sé si lo conservaré en mi producción futura, sea ésta de narrativa o poesía.

¿Siente que hay influencias claras para su poesía, referentes, maestros insoslayables?

- Aprendemos por imitación, ya sabemos. Como dije antes, en lo que hace a la poesía, mis primeros intentos se produjeron hacia los 15 años, más bien como consecuencia de mi afán por las lecturas de los clásicos españoles del siglo XIX y XX. Luego descubrí a los vanguardistas franceses, y, posteriormente, hacia mis 20 años, a la poesía inglesa, que le dio un giro fundamental a mis intentos. Los poetas que más me impactaron entonces fueron los románticos ingleses: Byron, Coleridge, Shelley, Keats; luego T.S. Eliot, Ezra Pound, y fundamentalmente, Dylan Thomas, para mi desarrollo autoral, el nombre más importante. Y por supuesto, los poetas metafísicos ingleses del siglo XVII, que son una lectura ineludible. Además de los que ya señalé, por supuesto Pablo Neruda y César Vallejo, siendo esta última una influencia que me gustaría que fuera más potente en mi obra. También alcancé a sentir la influencia de numerosos autores norteamericanos, como Allen Ginsberg, Allen Tate, Edgar Allan Poe, Denise Levertov, Richard Wilbur, Theodore Roetke, Amy Lowell y su sobrino Robert Lowell, quien como poeta resulta ser menor que su extraordinaria tía; Emily Dickinson y en menor medida, Gregory Corso. Entre los argentinos, desde luego Jorge Luis Borges, el inevitable Borges. Y también Juan Laurentino Ortiz, Joaquín Giannuzzi, Oliverio Girondo, César Rosales, Olga Orozco, Francisco Madariaga y Enrique Molina.

El lector joven, el estudiante de la carrera de letras interesado en la poesía, a poco de andar se encuentra con la mención a revistas literarias que parecen fundamentales para armar un posible mapa de la poesía argentina. Si bien de muy difícil acceso, esas revistas son conocidas al menos de nombre. Por edad, usted pertenecería a la generación del ´80, década en la que se mencionan las revistas Xul, La danza del ratón y Último Reino. Hemos visto su nombre asociado a esta última, ¿podría contarnos cómo funcionaba la revista, qué rol tuve usted en ella y en qué se diferenciaba de las otras?

-Ultimo Reino fue una revista muy importante desde su primer número, editado a fines de 1979, y creo que hasta la mitad de la década del 80 siguió ocupando ese sitio. Con mayor o menor asiduidad, la mayor parte de los autores de mi generación se relacionó o se acercó a Ultimo Reino, que además era una editorial en la que varios publicamos nuestros libros. Mi relación no era excesivamente orgánica, pero seguía con suma atención lo que ellos hacían, porque se trataba de un proyecto valioso para esa época. La filiación neorromántica de la revista es una inexactitud: no tenía un dogma tan reducido, si es que tenía alguno. El criterio era amplio, sin duda mucho más amplio que el de las otras dos publicaciones que usted menciona, y creo que esa amplitud de criterios fue también la clave de su mayor difusión y aceptación. Tanto Xul como La Danza del Ratón funcionaban más como trincheras estéticas –hay que entender que los ‘80 fueron tiempos de ardiente discusión estética, con sus apologías y rechazos- y que en el caso de esta última hasta se permitía algunos exorcismos. Recuerdo un fogoso artículo del poeta Jonio González, del comité editorial de La Danza del Ratón, donde el autor bramaba en contra de Víctor Redondo, Néstor Perlongher y yo, acusándonos de “darle la espalda a Latinoamérica”, a raíz de algunas declaraciones que habíamos hecho en un reportaje colectivo publicado por el suplemento Cultura y Nación, del diario Clarín, realizado por Jorge Ricardo Aulicino en la primavera de 1981. Suena enternecedor, casi, un argumento como el de González pensado desde la actualidad, pero en los ’80 asuntos como éstos eran algo muy serio y grave. Nos comunicamos Víctor, Néstor y yo, para ver si respondíamos conjuntamente a las inventivas de ese González, pero nuestras iniciativas divergían (creo que eso fue una suerte para González) y finalmente se impuso la postura de Perlongher, que era la de no contestar siquiera al entonces joven inquisidor latinoamericanista. Néstor, que me hacía reír a carcajadas con su formidable –y a veces feroz- ingenio, gustaba de usar un seudónimo: La Rosa, y en el caso del ataque continentalista y bien pensante de La Danza del Ratón, resumió su posición con una frase: “La Rosa es La Rosa” y agregó que a quien no le gustara... bueno, no voy a repetir acá lo que agregó Néstor Perlongher. Recuerdo que solía definirse a sí mismo muy acabadamente: “no soy ‘gay’ ni soy ‘homosexual’: soy puto, ¿entendés? Pu-to.”

Centrándonos en su último libro de poesía La tarde del elefante y otros poemas nos gustaría preguntarle por la decisión de nombrar al poemario con uno de los poemas y no con un título general.

-El título de ese libro obedece a una práctica muy común entre los autores y que yo mismo empleé en volúmenes anteriores, como Behering y otros poemas o El Venenero y otros poemas; se destaca aquel poema que –creemos- resume en algo el espíritu de todo el volumen. La intención, en mi caso, no va más allá.

En este libro parece haber una opción por la expansión antes que por la concisión. Sacando poemas como “La vía láctea” o “La pregunta”, los poemas son generalmente extensos, presentan versos de largo aliento, desarrollos narrativos o pasajes que se extienden en reflexiones ¿Qué posibilidades expresivas ofrecen estas opciones formales?

-Los poemas de esa extensión condicen con una tradición de la poesía latinoamericana, el poema largo latinoamericano, donde los recursos empleados pueden incluir la apelación a lo narrativo, originándose entonces una suerte de “poema-río”, que inclusive puede ser dividido con intención de examinar su estructura, en varias partes que confluyen en un cauce general; son esas partes, por así, decirlo, sus afluentes. Cada una puede explotar una variedad de recursos que puede estar presente o no, también en las otras; pero lo determinante será que se obtenga esa confluencia que sugerí antes, el establecimiento de un texto sinfónico, que inclusive explote las polisemias y las relaciones entre las variantes de significado, siempre con un objetivo común, que es el poema mismo en su conjunto formal. En la extensión del poema, podemos explotar los matices que nos posibilita establecer el contrapunto entre las partes, la respuesta de un segmento a otro o a otros del conjunto. Podemos accionar por ampliación de significados, por negación y falsa negación, por complemento también. Son recursos estilísticos que no cabrían o cabrían raramente en una escueta cantidad de versos reunidos para dar una corta unidad formal.

En La tarde del elefante y otros poemas se repite una escena que, en líneas generales, podríamos definir como el encuentro del hombre y la naturaleza: ¿se podría decir que se produce una epifanía en el encuentro entre el hombre y la serpiente, el elefante, el leopardo?

-Esa epifanía a la que usted se refiere está dada por el encuentro, el desencuentro y también por las mutuas metamorfosis sugeridas. En La tarde del elefante y otros poemas puede leerse también la búsqueda de un borramiento de las fronteras entre lo humano y lo animal, dado que son reinos que se diferencian, sí, pero que también se interceptan y penetran, hasta que no resulta muy seguro afirmar que en esa ambigüedad puede fijarse cuál es el territorio de uno y cuál el de otro. Ello nos llevaría a una tercera imagen –la epifanía consistiría en eso o, al menos, se dispararía desde allí- donde la realidad de lo vital estaría compuesta por la relación íntima entre ambos reinos, donde el animal puede representar lo humano y lo humano mostrar su faceta animal. La serpiente, el elefante, el leopardo, el tigre dientes de sable, la garza o los sapos, no son en La tarde del elefante... entidades travestidas a lo humano, para que ejemplifiquen defectos o virtudes humanas, como en las fábulas de Esopo o las de su excesivo admirador Jean de La Fontaine; en el libro en cuestión conservan sus cualidades –inclusive, en algunos casos, como el de la serpiente, su sospecha de divinidad- pero ellas se corresponden con las humanas y éstas pueden tener su contrapartida en lo animal, siempre en función de reflejar la epifanía a la que usted alude. Yo creo que la realidad –inalcanzable por definición para la comprensión humana y obviamente impensable para el instinto animal- debe de consistir, en parte, en una epifanía así. No supongo, como lo hace Borges –que tomó la idea de otros autores y mejoró magníficamente su expresión- que el animal vive en esa epifanía, es parte de ella, es una representación de lo epifánico y el hombre no. Creo que el animal lo ignora y el hombre también. Esto es la epifanía topográfica, entendida como lugar permanente que la mirada o el entendimiento no ven, pero que está allí y de la cual formamos nosotros mismos parte; respecto de la epifanía en la acepción de revelación –la visión epifánica- el poema atiende a ser él mismo la epifanía o su posibilidad, su puerta.

En varios poemas de este mismo libro se alude a algo que parece estar más allá o por debajo del mundo visible. Se lo nombra como algo que late “debajo de la apariencia” o como “algo indefinido” que se “difumina” en el momento en que despertamos. ¿Cómo caracterizaría a eso otro que se presiente pero que parece inasible?

-Eso es la epifanía topográfica, el topós de la revelación, lo revelado. Esto no es místico, desde luego, porque yo no soy un poeta místico: me salve dios, aunque no existe, de serlo alguna vez. Mi visión difiere sensiblemente de lo referido al respecto por los místicos cristianos, que diseñaron la Edad Media como el período en que la humanidad occidental creyó que el mundo visible era mera apariencia, engaño, truco, para ocultar en la superficie sensible, lo único aprehensible por los limitados recursos de los sentidos, la gloria divina y la verdadera realidad. Esto se condensa en la frase de san Pablo: “Vivimos inmersos en el milagro”. Pero el milagro en el que yo creo es la materia, lo único que existe. La materia, su infinita complejidad, es el genuino milagro, la epifanía topográfica; el poema es la visión epifánica que abre las puertas de la percepción. La materia lo contiene todo y todo está hecho de materia. No hay otra cosa y, precisamente, el mayor milagro es éste.

Obras publicadas

Poemas de la Tierra y la Memoria (poesía, Ed. Stephen and Bloom, Bs. As., 1980)

Mitologías/La Balada de la Mujer Perdida (poesía, Ultimo Reino, Bs. As., 1983)

Poesía Inédita de Hoy (Un panorama contemporáneo de la poesía inédita argentina) (introducción, notas y selección de 100 autores, Ed. NOUS, Bs. As., 1983)

Juan L. Ortiz: El Contra-Rimbaud (ensayo, 1ra. ed. Ed. Filofalsía, Bs. As., 1985, 2da. ed. Ed. Filofalsía, Bs. As. 1986)

Behering y otros poemas (poesía, 1ra. ed., Ed. Filofalsía, Bs. As., 1985, 2da. Ed. Cuadernos del Zopilote, México D.F., 1993)

Guerras, Epitafios y Conversaciones (poesía, Ed. Satura, Bs. As., 1989)

Fractal (poesía, Ed. Correo Latino, Bs. As., 1992)

El Pasado y las Vísperas (poesía, Ed. de la Universidad de los Andes, Venezuela, 1995)

El Horror en la Narrativa de Alberto Jiménez Ure (ensayo, Ed. de la Universidad de los Andes, Venezuela, 1996)

Selected Poems (antología poética, selección y traducción de Verónica Miranda, Ed. Luz Bilingual Publishing, Inc. Los Angeles, EE.UU., 1996)

La Yegua de la Noche (poesía, Ed. Ediciones Del Castillo, Santiago de Chile, Chile, 2001).

Tango del Mudo (novela, Ed. de la Plaza, Montevideo, Uruguay, 1997. Ed. Piel de Leopardo/Wordtheque, Bs. As., 2003). Ver http://www.logoslibrary.eu

Jorge Luis Borges: La tiniebla y la gloria (ensayo, Ed. Lea-Ojos de Papel, Madrid, 2004).

- Zapping (cuentos en e-book, Ed. Wordtheque, Módena, Italia, 2004); Ver http://www.logoslibrary.eu

El Venenero y Otros Poemas (poesía, Ed. Nueva Generación, Buenos Aires, 2005).

18 Whiskies (teatro, Ed. Nueva Generación, Buenos Aires, 2006).

Carl Jung: un chamán del siglo XX (ensayo biográfico, Ediciones Lea, Buenos Aires, 2007).

La novelística de Teódulo López Meléndez: escribir desde la fisura (ensayo, Ed. Ala de Cuervo, Caracas, 2007).

La Tarde del Elefante y Otros Poemas (poesía, Ed. Ala de Cuervo, Caracas, 2006, 2da. ed. Ed. Azafrán y Cinabrio, México, 2008).

Sigmund Freud, el descubrimiento del inconsciente (ensayo biográfico, Ediciones Lea, Buenos Aires, 2008).

Erich Fromm: el amor, el psicoanálisis y el hombre (ensayo biográfico, Ediciones Lea, Buenos Aires, 2008).

Diccionario de Filosofía (2 tomos, Ediciones Pluma y Papel, Buenos Aires, 2008).

Los cuentos de Horacio Quiroga (ensayo introductorio y selección de Luis Benítez, Editorial Díada/Del Nuevo Extremo, Buenos Aires, 2008).

En el país de las maravillas… (Los mejores cuentos fantásticos) (introducción y selección de Luis Benítez, Ediciones Lea, Buenos Aires, 2009).

¡Elemental, Watson! (Los mejores cuentos policiales) (introducción y selección de Luis Benítez, Ediciones Lea, Buenos Aires, 2010).

Después del crepúsculo (Los mejores cuentos de vampiros) (introducción y selección de Luis Benítez, Ediciones Lea, Buenos Aires, 2010).

Poemas Completos (edición en e-book, 3 tomos, con prólogo del Prof. Luis González Platón, de la Universidad de Madrid. Ed. publicatuslibros.com, Jaén, España, 2010). Ver: www.publicatuslibros.com

Manhattan Song. Cinco poemas occidentales. (poesía, Ed. El fin de la noche, Buenos Aires, 2010).

Obras sobre el autor

Sobre las poesías de Luis Benítez, de Carlos Elliff (ensayo, Ed. Metáfora, Bs. As., 1991).

Conversaciones con el poeta Luis Benítez, de Alejandro Elissagaray y Pamela Nader (Tomo I, 1995, Tomo II, 1997, Ed. Nueva Generación, Bs. As.).

Itinerarios: Antología (selección y ensayo preliminar de Alejandro Elissagaray, 2001, Ed. Nueva Generación, Bs. As.).

Antología poética (antología en e-book, introducción, selección y notas de Alejandro Elissagaray, Ed. Wordtheque, Módena, Italia, 2005) Ver http://www.logoslibrary.eu

Luis Benítez: Breve antología poética (selección e introducción de Elizabeth Auster, Ed. Juglaría, Rosario, Argentina, 2008. Edición en e-book, Ed. publicatuslibros.com, Jaén, España, 2008) Ver: www.publicatuslibros.com

La Poesía es como el Aroma. Poética de Luis Benítez (ensayo, por el Prof. Dr. Camilo Fernández Cozman, miembro de número de la Academia Peruana de la Lengua, 2009, Ed. Nueva Generación, Buenos Aires).

i Este libro salió en octubre de 2010, la entrevista fue realizada en el mes de agosto (N. del E.)